Fecha de puesta en marcha: mayo de 2010
Andorra, 10 de abril de 2011
Hola, me llamo Paula Gonçalves Fernández y tengo 36 años. Tras muchos años de consultas médicas y numerosas pruebas de todo tipo, no obtuve resultados. En julio de 2009, el Dr. Mirles, en Andorra, se percató de que, entre todas esas pruebas, no me habían realizado una resonancia magnética, así que me la solicitó. Fue esta prueba la que reveló que tenía malformación de Chiari de Barnold.
Inmediatamente me envió a un hospital de Barcelona, donde me dijeron que necesitaba una craneotomía occipital. Me operaron en 2009 y la intervención fue un éxito.
Sin embargo, después de la operación, los dolores de cabeza persistieron y fueron imposibles de eliminar. Reanudé la natación como me aconsejó el médico, pero sin
Factibilidad
En enero de 2010, un neurocirujano me dijo que tendría que fijar mi cabeza al cuello implantándome una placa de titanio. Esto me preocupó mucho, al igual que a toda mi familia, porque este tipo de cirugía me habría dejado discapacitado de por vida, ya que no podría mover la cabeza hacia arriba ni hacia abajo, ni tampoco el cuello.
Afortunadamente, Dios me dio la fuerza para no desesperar. Pasé seis años en esta condición, soportando un dolor implacable hasta pesar tan solo 42 kg. Tras el examen neurológico inicial, el médico me aseguró que podía mejorar mi salud, así que acepté someterme a la cirugía el 5 de mayo de 2010. Ahora, ha pasado un año desde mi fibrosectomía en el Hospital Sima.
Es difícil describir mi estado con palabras. Sufría tanto que no comprendía lo que me pasaba y nadie podía ayudarme. Ya no podía caminar sola; dependía de mi esposo o de alguno de mis hijos. Me agarraba a ellos para caminar porque me mareaba. Muchas veces sentía frío y entumecimiento en los pies y las manos. Mis ojos parpadeaban como mariposas y ya no podía conducir.
Ahora doy gracias a Dios, al Dr. Royo y a su equipo médico. Puedo caminar sola sin ayuda y conducir mi coche. Me siento como si hubiera vuelto a nacer. Peso 55 kg, mi peso normal. Soy diferente, más radiante que antes, con más energía y un renovado entusiasmo por la vida.
Bendito sea el día en que fui a la clínica del Dr. Royo y me operaron. Ingresé en el hospital el lunes, donde recibí una atención excelente, y el miércoles ya estaba de vuelta en Andorra. Cuatro meses después, empecé a sentirme mejor. Lo primero que noté fue que podía caminar más erguida, el mareo desapareció y el temblor de ojos disminuyó. Estoy profundamente agradecida al Dr. Royo y a su equipo médico, quienes, además de ser médicos altamente cualificados, son increíblemente humanos, escuchan atentamente a sus pacientes y se esfuerzan por ayudarlos de la mejor manera posible. Muchísimas gracias a todos.
Ofrezco mi total apoyo y ánimo a quienes padecen esta enfermedad para que consulten al Dr. Royo y confíen en el tratamiento que les brinda. Él les ayudará, y no deben perder la esperanza de que algún día su condición mejore. Mucha suerte.
Paula Gonzalo Fernández
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